Fernando Dworak

Análisis Político

Todo debe ser “tema”

Posted on Nov 21, 2014 in articulos

Todo debe ser “tema”

Es en tiempos de agitación y crisis cuando más clara se abre la disyuntiva entre fortalecer la democracia y recaer en alguna forma de autoritarismo. Buena parte de la diferencia entre uno u otro de los caminos a tomar estará en la forma que sepamos hablar de los problemas en sus dimensiones.

 

Por más que nos indignen las cosas que vemos como la tragedia en Ayotzinapa y el hasta el momento claro problema de conflictos de interés en torno a la casa de Angélica Rivera, si no tenemos demandas claras frente a las instituciones, los gobernantes encontrarán la forma para darle la vuelta a los problemas. El sistema de libertades y garantías que gozamos no son concesiones de los poderosos, sino conquistas de la ciudadanía.

 

Sin embargo lo único que se ha logrado hasta el momento son movilizaciones y muestras de indignación masivas y hasta globales, cierto, aunque carentes de demandas, con demasiados grupos mezclados y ambivalentes y selectivas frente a los efectos que el enojo genera. Esto no solo puede banalizar a todo el movimiento, sino también encauzarlo a los intereses de quienes desean alcanzar un fin político al margen de las instituciones.

 

Una de las formas en que se intenta desbordar el enojo es a través de no hablar de frente la magnitud del problema. Es decir, argumentar que hay cosas que no son “el tema”. Lo anterior refuerza la noción de que ciertos actos son justificables, o que hablar de una forma más general hace del hablante un insensible o un monstruo que justifica atrocidades.

 

Posiblemente el régimen posrevolucionario está entrando en una de sus crisis definitivas, y de nosotros depende consolidar una democracia más sólida. Sin embargo, emotivizar demasiado la tragedia y ser selectivo con la violencia puede terminar con lo poco que hemos alcanzado. Basta ver al sur de nuestras fronteras, cómo diversos grupos tomaron el poder “legal” e impusieron democracias “populares” acorde con sus intereses.

 

¿Hay grupos que desean que las movilizaciones fracasen? Definitivamente, y ciertamente son muchas más que el “Estado” entendido como un monolito o los gobiernos federal y local. Y constantemente buscan lucrar del momento para ganar adeptos a sus causas. Vean los lenguajes incendiarios de unos. O los eslóganes generalistas de otros. O creer que la violencia cuando es en el Distrito Federal es obra de “infiltrados” mientras se justifica esa misma violencia que hacen organizaciones que se admiten como hermanas de causa cuando la hacen en otras entidades. La selectividad entre los promotores de la violencia los banaliza a todos y los nulifica en su conjunto mientras se apuesta al olvido.

 

Por más difícil que sea, necesitamos hablar claro de todo lo que nos ocurre. Y todo debe “ser tema”. No se trata de justificar que unas personas hayan muerto, sino entender, deslindar responsabilidades y saber qué exigir para que tragedias y escándalos como los que estamos viviendo no vuelvan a ocurrir.

 

Entender la muerte de los estudiantes normalistas es comprender las debilidades de las instituciones y su porosidad ante el crimen organizado, sino también denunciar grupos que viven explotando la miseria de otros y disfrazándola tras un discurso contestatario.

 

Entender el juego de fuerzas que están en el tablero no es señalar “infiltrados” o “desestabilizadores”, sino entender que siempre hay grupos antisistema que aprovechan los momentos de crisis para minar la confianza en las instituciones y llevar al sistema a un punto de quiebre. Y a través de ese entendimiento distinguir lo que busca cada grupo que forma parte de ese gran movimiento y discriminar causas. De lo contrario podemos terminar como tontos útiles de alguien más.

 

Es responsabilidad nuestra es no dejar que la indignación nos desborde: esta no es una saga épica donde se confrontarán fuerzas milenarias que representan al bien y al mal respectivamente. Tenemos un sistema político hecho para rotar el poder de manera periódica a manera de botín ya dio de sí y cuyos operadores no van a hablar sobre los verdaderos problemas mientras eso signifique ceder a sus cotos de poder y privilegios. No hablo de grandes rupturas, sino de puntos concretos para reformarlo que sólo se les pueden imponer a los políticos si se hace con la fuerza suficiente.

 

Necesitamos hablar claro de todo, por más que nos duela. En este momento todo debe ser tema.

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