Fernando Dworak

Análisis Político

¿Qué hacemos con los chapulines legislativos?

Posted on Jun 8, 2020 in articulos

¿Qué hacemos con los chapulines legislativos?

Publicado en Indicador Político el 8 de junio de 2020

Aunque siempre reaccionamos a favor o en contra de cualquier declaración, desplante o pifia de nuestros políticos según nuestras filias y fobias, las decisiones políticas deben juzgarse según sus resultados. Para decirlo de otra forma, por más que el fin pueda justificar los medios, hay que tener cuidado en no creer que los medios pueden ser fines en sí mismos.

Tomemos el “chapulinismo” legislativo, entendido como aquellos legisladores que pasan de un grupo parlamentario a otro. Especialmente si vimos dos casos en los últimos días: la incorporación de la senadora Lilly Téllez al grupo parlamentario del PAN y el cambio de varios diputados de Morena a la bancada del PT. ¿Cómo entenderlos si dejamos a un lado nuestros afectos o aversiones? ¿Se pueden entender bajo los mismos supuestos? ¿Qué hacer?

Un político que cambia de partido hace una apuesta: sabiendo que no tiene futuro donde pertenece, juega su capital político y su credibilidad para seguir con su carrera. Muchos políticos que festejemos o no lo han hecho con éxito, desde Porfirio Muñoz Ledo, Marcelo Ebrard o el propio López Obrador.

En este entendido, el salto es exitoso si es capaz de transmitir un mensaje de cambio creíble. Por ejemplo, decir que sus valores ya dejaron de coincidir con los del partido. Sin embargo, esto es algo más complicado de lo que puede parecer: si no hay una narrativa que respalde el acto, el brinco terminará siendo al vacío. De hecho, por cada caso exitoso hay decenas de fallidos.

Volviendo a la senadora Téllez, todos conocemos sus posturas sobre el derecho a decidir y sus choques con Morena. Dado que era un tema relevante para ella, fue un acto de congruencia salirse del partido del gobierno e incorporarse al PAN. Además, eso modifica levemente la correlación de fuerzas en el Senado. Veremos si sus argumentos resultan convincentes para sus votantes, en caso que desee continuar con su carrera política.

Sobre los diputados de Morena, hablamos de una táctica parlamentaria: modificar la correlación de fuerzas entre las bancadas, de tal forma que el PT pueda convertirse en la tercera fuerza política a costa del PRI y ocupar la presidencia del a Mesa Directiva en septiembre.

Esto ya lo hemos visto repetidas veces en los últimos años. Por ejemplo, en agosto de 2017 el PRI le “prestó” varios diputados al PVEM para que Morena no ocupase una vicepresidencia de la Mesa Directiva, regresando a la bancada tricolor cuando hubo un acuerdo con el naciente partido. También al inicio de la legislatura el PVEM “prestó” otros diputados a Morena para que pudiese ocupar la presidencia de la Junta de Coordinación Política durante toda la legislatura. Es decir, no hablamos aquí de la decisión individual de los legisladores, sino de táctica para repartir espacios al interior del Congreso.

Como sucedió el año pasado, Morena está intentando ocupar la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados violando un acuerdo suscrito en septiembre de 2018. Hacer esto cerraría espacios de participación a la oposición, pudiendo enrarecer la gobernabilidad interna. Esto puede ser grave de cara a un año electoral.

¿Qué sería conveniente? Prohibir los brincos sería fortalecer de más a los partidos. Además, creo que este tipo de movimientos mueven los equilibrios y hacen que haya cambios, sean los brincos exitosos o no. En lo personal, apostaría por las reglas del juego: elevar el umbral de representación a 5% ayudaría a que desaparezcan partidos que sólo apuestan por sobrevivir a través de alianzas. Sobre todo, cuando vean sus boletas en 2021, voten por los socios mayores de la coalición que prefieran.

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *