Fernando Dworak

Análisis Político

¿Qué aprender de la crisis en Venezuela?

Posted on Ago 15, 2019 in articulos

¿Qué aprender de la crisis en Venezuela?

Publicado en Indicador Político el 2 de mayo de 2019

No cabe el simplismo en el análisis político: quien lo intente terminará coleccionando consignas mientras sus razonamientos se vuelven más y más contradictorios, incongruentes y falaces. La manera más fácil y rápida de perderse es usando términos simplistas o inadecuados para explicar cuanto sucede.

Por desgracia la discusión en México sobre Venezuela está plagada de esas inconsistencias, lo cual hace que para algunos parezca una lucha épica ya sea contra el populismo chavista o contra el imperio. Otros llegan a creer que México mantiene sus valores tradicionales en materia de política exterior, mientras en realidad vemos una de las peores derrotas diplomáticas.

Para evitar caer en desfiguros, se compartirán aquí cuatro lecciones que podemos extraer sobre la crisis en Venezuela.

Primera: no se puede explicar a partir de la “izquierda” o la “derecha”. El pasado martes los tuiteros afines al gobierno intentaron relacionar a quienes apoyaban el derrocamiento a Maduro como gente “de derecha”. Dejemos a un lado el hecho que muchos de ellos difícilmente podrían pasar como “de izquierda” y concentrémonos en lo central: la crisis en Venezuela es el resultado de 20 años de deterioro político, económico y social. No se puede hablar de posiciones políticas como se conocen comúnmente, más allá del discurso que use alguna de las partes.

Todavía peor: si no aplican términos tan simples para explicar lo que pasa en Venezuela, su uso en México no solo evidencia la poca comprensión del tema, sino que expone al argumentador a justificar por “izquierda” a una dictadura. O creer que un hipotético triunfo de Guaidó necesariamente restaurará la democracia en ese país. Dejemos los bandos para el futbol, no para el análisis.

Segunda: una intervención de Estados Unidos no se podría explicar como “protección de intereses”. Por décadas se podía explicar el intervencionismo estadounidense a partir de la protección de intereses económicos. Es decir, si un gobierno iberoamericano ponía en riesgo inversiones de empresas como la United Fruit, entonces los marines llegaban, quitaban al presidente y ponían generalmente a un gorila militar.

Esta interpretación ya no se sostiene desde hace décadas: la consolidación de regímenes estables en Iberoamérica, la construcción de empresas trasnacionales con sus propias estructuras de negociación y la volatilidad de los capitales han hecho innecesaria la intervención directa de Estados Unidos.

El problema es otro: si a Estados Unidos no le importa mucho Iberoamérica más allá de países que eventualmente podrían hacerle competencia como México o Brasil, sólo le puede preocupar que una potencia extranjera ponga una base militar en alguna de estas naciones, como ocurrió con los rusos en Venezuela. Ese es un riesgo geopolítico inaceptable: ahí las amenazas de una intervención.

Tercera: es un gran fracaso diplomático para México. La Doctrina Estrada es una entelequia que se usó para justificar la pasividad de nuestro país a cambio de que ninguna otra nación se metiera en nuestros asuntos. Por ejemplo, bajo esta excusa no se permitió por décadas la entrada de observadores electorales hasta que la integración económica obligó al Estado a hacerlo como parte de cláusulas de democratización.

Insistir en la Doctrina Estrada hace lucir a México timorato: está tomando una política de países que no corresponden a su tamaño, fuerza económica o intereses. Si no representa algo, ¿qué valores enarbola en la escena internacional? ¿Es confiable como aliado atractivo para la inversión? Resultado: la diplomacia mexicana terminó aislada en Montevideo.

Cuarta: ¿de verdad queremos honrar a los venezolanos? Si la respuesta es afirmativa, la mejor forma de hacerlo es aprendiendo la forma en que cayeron en este estado. Esto es especialmente relevante sabiendo que en México el grupo en el poder está aplicando las políticas que siguieron Chávez y Maduro como si fuese un manual.

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