Fernando Dworak

Análisis Político

Nuestro ejecutivo fantasea con un juicio político

Posted on Ago 14, 2019 in articulos

Nuestro ejecutivo fantasea con un juicio político

Publicado en Indicador Político el 22 de abril de 2019

Un paso elemental para cualquier ejercicio de planeación estratégica es conocer las tácticas, habilidades y limitaciones de los opositores tanto como las propias. De lo contrario, como han dicho todos los manuales sobre estrategia desde Sun Tzu, se está condenado a perder.

Dicho lo anterior, es asombroso que nadie haya podido evitar el ascenso de un líder político tan predecible como nuestro ejecutivo y, aun en el poder, nadie tenga la capacidad de atajarlo. Esto habla de un fracaso total no solo de la oposición, sino de la ciudadanía en su conjunto: dejamos que nos dividiese alguien que ha hecho una carrera política a través del maniqueísmo y la polarización.

Una de sus tácticas privilegiadas es la victimización: él es tan bueno que quienes no lo siguen son perversos a quienes les pone calificativos para distinguirlos, siendo “fifí” el más reciente. Ellos, como en todo discurso conspiratorio, quieren ganarle “a la mala”, viven tramando cómo deshacerse de él y harán todo lo posible por quitarlo de en medio si el “pueblo bueno” no está vigilando constantemente.

Tanto le funciona la victimización que ha construido su éxito político a partir de una narrativa que explota sus fracasos. Así ha sido desde los dos intentos para ser gobernador de Tabasco hasta sus tres campañas a la Presidencia de la República. Ha tejido numerosas conspiraciones, como el camión con las boletas electorales, el algoritmo de 2006 y granjas enteras de animales “regalados” a cambio de votos. Al apelar a la imagen de la eterna víctima que décadas de nacionalismo revolucionario nos inculcó, ha logrado convertirse en el redentor de los oprimidos: el líder desinteresado que el PRI nos enseñó a esperar.

Ha explotado cada oportunidad para usar ese discurso. El ejemplo por excelencia: el 6 de abril de 2005 compareció ante el pleno de la Cámara de Diputados para defenderse ante un inminente desafuero. Una vez en tribuna, dio un discurso acerca de complots, mafias del poder y bondad que lo catapultó rumbo a la candidatura a la Presidencia y casi la ganó – haciéndose la víctima durante los siguientes años.

La reforma a los artículos 108 y 111 constitucionales que aprobó el Senado hace unas semanas apunta en esa dirección: dar elementos para que la oposición presente argumentos para tratar de retirarle la inmunidad, aparentando que sería más fácil iniciar un juicio político. Poco importa que causales como traición a la patria o corrupción sean demasiado vagas: a él le conviene volver a dirigirse al Congreso para justificarse.

Justo vemos cómo se gesta esto en la opinión pública: ante los reclamos por haber declarado que la justicia está por encima de la ley, diversas voces claman por iniciarle un juicio político. Imaginemos un escenario donde, como sucede naturalmente, el gobierno entra en una espiral de desgaste y se logra iniciarle un procedimiento. El resultado es previsible: proyectarlo a él y a su partido no solo rumbo a 2024, sino hasta 2030. Es así como se acaba de aprobar una reforma constitucional a modo de una persona y su estilo de gobernar.

¿Qué hacer? Para empezar, darnos cuenta que llegamos a esta situación por nuestra poca capacidad de pensar tácticamente la política y comenzar a remediarlo. Segundo lugar, presionar a los legisladores de oposición a presentar acciones más claras y contundentes: quienes no puedan o no les interese perderán votos en 2021 y quienes sobrevivan estarán en la capacidad de tejer un liderazgo sólido.

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