Fernando Dworak

Análisis Político

Los ex presidentes como distractor fácil

Posted on Ago 14, 2019 in articulos

Los ex presidentes como distractor fácil

Publicado en Indicador Político el 6 de febrero de 2019

Por sexenios, los ex presidentes eran un problema político que debía ser atendido al inicio del mandato del nuevo presidente. En un sistema político donde las lealtades ser orientaban en torno a quien podía repartir cargos, solía haber un vacío de poder entre los ejecutivos salientes y entrantes en los primeros y últimos años de cada mandato: se debía actuar rápido y dar algún golpe de autoridad para que el recién llegado se consolidase en el poder.

Gracias a ello el ex presidente se convertía en alguien políticamente indeseable, y en no pocas ocasiones sufría hasta el exilio. A menudo también se le hacía una especie de chivo expiatorio, al que se le hacían máscaras o se le dirigían todo tipo de maldiciones. Conforme el sistema político ha ido concretando instituciones más o menos sólidas, se volvió innecesario condenar a un ejecutivo saliente, e incluso muchos de ellos han formado parte de la vida pública.

Todo parece indicar que aún se tiende a ver a los ex presidentes como chivos expiatorios, en la medida que López Obrador explotó el tema durante su campaña presidencial. Como siempre es más fácil mover vísceras que presentar plataformas claras, atrajo muchos más votos un tema chatarra como eliminar las pensiones en lugar de, digamos, el ingreso básico universal.

Aunque la pensión presidencial es poco defendible con ex mandatarios relativamente jóvenes, la medida como se tomó era arbitraria y tenía dejo de venganza. También se ha amenazado con el juicio a Salinas, Fox, Calderón y Peña Nieto como distractor. Recientemente López Obrador ha vuelto a tomar el tema, ahora señalando las asesorías que Ernesto Zedillo y Felipe Calderón brindan a compañías que presuntamente se beneficiaron durante sus sexenios. ¿Es malo? ¿Qué deberíamos observar?

En todos los países es un problema público regular la llamada “puerta giratoria”. Se usa el término de manera coloquial para evitar que un alto cargo público se marche a trabajar a una empresa privada, obteniendo el beneficio de su anterior ocupación y generando conflictos de interés, en beneficio propio. Es decir, se regula movimiento de altos cargos entre el sector público y el sector privado.

La forma de regular este potencial conflicto es obligando al ex servidor público a no tomar empleo alguno en el sector privado, dejando que pase un periodo de entre uno a cinco años después de dejar el cargo, según la normativa de cada país. De esa forma el conocimiento privilegiado que la persona puede tener pierde vigencia, quedando sólo el posible expertise.

En México no teníamos una norma clara en materia de puertas giratorias hasta 2016, con la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos, que además los obliga a transparentar ingresos, patrimonio e intereses. ¿Cómo leer las acusaciones de López Obrador contra los ex presidentes? Si bajo esta norma no hay conflicto de interés y en el caso de Ernesto Zedillo no se puede aplicar una ley retroactivamente en perjuicio de una persona, el recurso que le queda al Ejecutivo es la falacia: no son éticos esos contratos, producto de favores asumidos.

Lamentablemente hay quienes no sólo compren este tipo de falacias, sino que al hacerlo sean indulgentes con verdaderos problemas de conflicto de interés, como enviar una terna de candidatas a la Suprema Corte de Justicia de la Nación con ese tipo de problemas. Creer que las conferencias mañaneras son sustituto de políticas de transparencia que tanto costó aprobar e instrumentar.

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *