Fernando Dworak

Análisis Político

La tarea que no se ha hecho

Posted on Oct 23, 2019 in articulos

La tarea que no se ha hecho

Publicado en Indicador Político el 23 de octubre de 2019

Cuando imperan las emociones, lo menos importante es tener la razón. Para reconquistar la confianza del electorado, es necesario que los partidos opositores representen algo; y para ello necesitan ser creíbles: el ataque frontal y la mera reacción termina legitimando al gobierno y afianzando sus posiciones.

El pasado martes 22, alcaldes del PAN, PRI y PRD protestaron afuera de Palacio Nacional, exigiendo al ejecutivo mayores recursos para infraestructura y seguridad pública. Al solicitar audiencia, bloquearon calles y realizaron diversos actos como tronar cohetones. La manifestación fue disuelta con gas lacrimógeno, a lo cual la vocería de la Presidencia afirmó que se había hecho para proteger a los trabajadores que ahí laboraban.

Dejemos a un lado la gravedad del acto y la señal de selectividad que envía: puedes ser delincuente y tendrás un trato más respetuoso y expedito que los presidentes municipales. Demos por sentado que, por lo menos, esta movilización ameritaría una mesa de negociación con la Secretaría de Hacienda y la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública, ante la incapacidad de los propios coordinadores de los grupos parlamentarios en la Cámara de Diputados para negociar en un entorno mayoritario.

El problema no es quién tiene la razón, y menos cuando leemos en las redes sociales comentarios como, reproduzco textualmente: “A este momento de la vida le llamo felicidad y cumplimiento del deber de la autoridad”; “Cómo no les lanzan una estricta auditoría de gestión en el desempeño”; “No cabe duda que la democracia les irrita sus partes innobles”; “Muy bien. Para que sepan lo que se siente”; “Oh!!! Ps no clamaban/exigían el uso de la fuerza contra manifestantes? Ah no! Seguimos con la exigencia en el otro pero no en mis derechos verdad?” entre otras expresiones que, por más miseria humana que reflejen, hablan de una tarea que no han sabido atender los partidos: comunicar alternativas.

Si el primer reto es hacer una autocrítica, es necesario atajar errores y excesos anteriores, como lo habitual que se volvió dejar las gestiones de los municipios con niveles elevados de deuda pública, lo común que se volvieron los “moches” en el debate y la negligencia no sólo de cobrar impuestos locales, sino la ocurrencia de los estados a eliminar otros como la tenencia vehicular. No asumir esto sólo hace poco creíble a todo intento por mejorar las condiciones de vida de los ayuntamientos.

Siguiente tema: ¿qué se ha hecho de 2018 al día de hoy para detener la ola de Morena? ¿Qué políticas han instrumentado en rubros como la transparencia y la rendición de cuentas para mostrar un deseo por ganar recuperar la confianza del votante? ¿Cuál es su narrativa ante los gobiernos del obradorismo? A nadie le gusta autolimitarse y renunciar a márgenes de opacidad, pero es cuestión de vida o muerte para los diversos proyectos partidistas.

Finalmente, ¿qué ofrecen a cambio de más recursos? Es posible que Morena haga cosas positivas al eliminar el ramo 23, conocido como el de los “moches” y reducir financiamiento, pero si se deja que el discurso de la “austeridad” permee, se puede no solo reducir las capacidades del Estados en sus tres niveles, sino generar incentivos de opacidad que beneficien a los gobiernos locales afines al gobierno federal. Esto implica presentar una plataforma de reformas que calibren los excesos del pasado y apuesten por mejorar a todas las instituciones, independientemente del color partidista.

No hacer esto terminará facilitando la legitimación de un nuevo gobierno y de su líder; por más gas lacrimógeno les avienten a los ediles o se cometan atropellos similares.

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