Fernando Dworak

Análisis Político

La responsabilidad del ciudadano

Posted on Ago 14, 2019 in articulos

La responsabilidad del ciudadano

Publicado en Indicador Político el 19 de marzo de 2019

En los próximos años contaremos muy poco, si acaso, con los partidos políticos. También desaparecerán muchos referentes intelectuales y académicos por simple selección natural y esperemos, competencia por parte de nuevos talentos.

Cualquier intento serio y duradero para reconstituir nuestra democracia frente a las tentaciones autoritarias del actual gobierno dependerá de los individuos, cómo nos veamos como ciudadanos y la forma en que interactuemos y defendamos nuestros derechos.

Comparto cinco principios para replantear nuestra actitud, redefinir causas e interactuar con otros que piensen lo mismo que nosotros.

Dudar como sistema de pensamiento– La fe requiere verdades absolutas, planes predeterminados y confianza ciega: por ello es propia del pensamiento religioso y los regímenes autoritarios. En cambio, el ciudadano cuestiona por método, aun cuando siga principios o escuelas de pensamiento: siempre hay que comprobar una hipótesis para mantenerla o descartarla. Como diría Carl Sagan en El mundo y sus demonios, los patriotas siempre preguntan. Se entra en el terreno de la fe cuando alguien deja de cuestionar y contrastar. Cuando lean o investiguen algún tema público revisen al menos dos fuentes, pues nadie dice la “verdad”, si acaso existe.

Mantener la distancia– Al gobierno le interesa que vivamos reaccionando ante cada nueva ocurrencia, tanto mejor si nos enoja. Eso no significa que apaguemos la televisión e ignoremos las conferencias mañaneras, sino que las veamos con distancia y como lo que son: estrategias para que perdamos el hilo narrativo de lo que realmente sucede. Lo mismo para los tuiteros conocidos como “maromeros”, quienes fundamentalmente difunden falacias: la mejor manera de justificarlos es contestándoles directamente. Cultivemos la sátira y el humor: el primer paso en esa dirección es la distancia y el desdoblamiento.

Cultivar una narrativa propia– En la entrega de la semana pasada se habló de la importancia de que cada quien tejamos nuestra narrativa alterna, pues el reto de fondo es hacer que el sexenio trate sobre el país en vez de las ocurrencias de un hombre. Trabajen su jardín, pues nadie es especialista en todo. Con ello divulguen lo que saben y traten de inspirar a los otros. ¿Cómo hacerlo? ¿Se acuerdan en diciembre cuando Meade lanzó unos tuits sobre el NAIM y el revuelo que causó? Vean cómo habló de posibilidades y la forma en que transmitió el mensaje: por ahí va el camino. Comencemos a divulgar.

Aprender a debatir– Importa poco tener la razón si no se comunica o defiende. Es indispensable estudiar retórica: muchas de las argumentaciones del gobierno o sus simpatizantes son falacias. Pulan sus capacidades de argumentación y debate, en el entendido que no existen verdades absolutas y sólo se puede llegar a un estado mejor si se intercambian dudas. Sobre todo, debatan con quien valga la pena: es una pérdida de tiempo discutir con quienes tienen fe en algo o alguien.

Pensar estratégicamente– Si nadie es experto en todo y cada quien tiene que cultivar su jardín, sólo se puede incidir si se piensa cómo funcionan las instituciones y se organiza un frente de personas que nunca serán amigos o enemigos, sino aliados u opositores de coyuntura. Podemos perder nuestras libertades si no las usamos, como el derecho a premiar o a castigar legisladores y autoridades municipales según su desempeño a través de la posibilidad de reelección inmediata. Este juego no es de “buenos” contra “malos”: requiere de inteligencia, estrategia y una cabeza fría.

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