Fernando Dworak

Análisis Político

La política exterior mexicana y los derechos humanos, sin hombres de paja

Posted on Ene 10, 2019 in articulos

La política exterior mexicana y los derechos humanos, sin hombres de paja

Publicado en Indicador Político el 8 de enero de 2019

El reconocimiento y la defensa de los derechos humanos es un principio de relaciones internacionales, reconocido por México. Según la fracción X del artículo 89 constitucional, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

Lamentablemente algunos de estos principios se han tergiversado para justificar posturas autoritarias. Por ejemplo, la autodeterminación de los pueblos y la no intervención, conocidos como la Doctrina Estrada, se han usado como una excusa para que México no intervenga en conflictos de otras naciones a cambio de que nadie se involucre en asuntos internos. Este giro tuvo lugar a finales de los años 80 del siglo pasado, cuando el régimen priísta comenzó a entrar en su etapa de desgaste y no había interés por transitar a la democracia. Con ello, se abandonó el papel activo que tuvo nuestro país en temas como la no proliferación de armas nucleares con el Tratado de Tlatelolco o la pacificación en Centroamérica con CONTADORA.

Un ejemplo sobre cómo la Doctrina Estrada prevaleció sobre el proceso de democratización fue la prohibición a que ingresaran observadores electorales de otros países: si México no se mete con otras naciones, nada tienen qué hacer los demás aquí. Eso lo tuvimos claro durante el sexenio de Miguel de la Madrid, y quien no permitía ese ingreso fue su secretario de Gobernación y administrador del órgano electoral: Manuel Bartlett.

¿Qué sucedió? El TLCAN se negoció al arranque de la presidencia de Carlos Salinas de Gortari y tanto Estados Unidos como Canadá impusieron una cláusula democrática, que es habitual en todo proceso de integración: cumplir con ciertos estándares de apertura política. Gracias a esto comenzaron a haber observadores internacionales.

¿Hablamos con esto de intervencionismo? En realidad, se trata de reconocer ciertos estándares democráticos entre naciones. Por ejemplo, un dictador es un riesgo de seguridad hemisférica gracias a otros temas relacionados como las crisis humanitarias, las rutas de crimen organizado y la exportación de células revolucionarios para ampliar el área de influencia.

Al contrario, la discusión en redes sociales de parte de quienes por edad o conveniencia aplauden el retorno de la Doctrina Estrada se centra en falacias del tipo “hombre de paja”: ridiculizar un argumento en vez de rebatirlo. Por ejemplo: “AMLO debería concentrarse en resolver la unidad de la Koreas, (triple sic.) y de Palestina e Israel. Es prioridad, ADELANTE”. En realidad, nadie que se interese por Venezuela exige al presidente que actúe como superhéroe: se trata de un compromiso claro por la democracia en su región.

México debe promover sus intereses en la región y el mundo y está llamado, tan sólo por su situación geopolítica y el tamaño de su economía, a ser un actor importante. Y como miembro de ese orden, se necesita que represente valores claros, como el respeto a los derechos humanos: eso nos hace confiables. Volver a la posturas anodina y cómoda de la no intervención sólo favorece a quienes desean que nos aislemos para, de esa forma, incrementar sus márgenes de discrecionalidad sobre la forma que manejan los asuntos públicos.

Va a ser una lucha ardua, pero necesitamos mejorar nuestras capacidades retóricas, de análisis y de debate so riesgo de perder nuestra democracia.

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