Fernando Dworak

Análisis Político

Importa poco tener la razón

Posted on Ago 14, 2019 in articulos

Importa poco tener la razón

Publicado en Indicador Político el 5 de marzo de 2019

El mundo que conocíamos desapareció el pasado mes de julio, al darse a conocer los resultados de la elección. Nada volverá a ser como era antes, y podrá ser mejor o peor dependiendo de cuán rápido sepamos plantear alternativas y seamos capaces de promoverlas.

Es una desgracia que los mismos políticos, intelectuales, opinadores y académicos que llevaron al deterioro del proyecto político y económico de los últimos años pretendan formar un frente opositor. Para decirlo con mayor claridad, su mala capacidad de comunicar y hacer autocrítica los hace parte del problema.

En la situación actual, importa poco tener la razón para posicionar un tema, por no decir un proyecto. En tiempos de posverdad y resentimiento, es indispensable cambiar de tácticas de comunicación y en mi opinión, hasta de grupos y generaciones. Comparto algunas ideas para encauzar el relevo:

Primera: se parte del descrédito. El discurso del liberalismo de los últimos 30 años ha fracasado. Tenemos mucha gente que hace excelentes diagnósticos, pero tiene poca idea táctica para impulsar los cambios y que comunicativamente no prenden. Su lenguaje es demasiado técnico para ser entendido por las masas y a menudo el estilo de escribir sólo es atractivo para el limitado circuito para quienes se dirigen. Esta constelación de grupos es vista por quienes votaron mayoritariamente como “los de siempre”, y no se puede construir algo nuevo a partir de esto.

Segunda: ¿qué representan? La política se mueve a través de narrativas. ¿Qué causas defienden? ¿Por qué falló el discurso liberal? ¿Por dónde se puede reposicionar el liberalismo? ¿Bajo qué premisas? Es necesario bajarse desde ya del pedestal y retejer una imagen atractiva, pues no se vencerá al nuevo gobierno a partir de ataques, sino conquistando la imaginación del ciudadano. Si lo que existía está ya muerto, hay mucho que remontar. Dicho esto, la siguiente pregunta es: ¿cuántos tienen la capacidad de hacerlo?

Tercera: ¿cómo hablan? El lenguaje define la forma en que la gente ve el mundo. Tenemos frente a nosotros al mejor comunicador político en México, y tiene clara la relevancia de las palabras como instrumento de legitimación para el régimen. Lamentablemente pocos, si acaso, tienen idea de cómo vencer esta inercia y siguen expresándose según los cánones y patrones viejos. Otra vez, no se puede crear el futuro con las formas del pasado.

Cuarta: tengan un plan de acción. No confundan la estridencia declarativa con autenticidad y valor: los desplantes solo apantallan a impresionables. Decir “verdades” en foros públicos no es equivalente a tener una estrategia. Si se desea incidir, hay que planear, lo cual va desde posicionar agendas claras, conocer el entorno y los tomadores de decisiones, hasta definir los pasos a seguir y tener claros los indicadores de desempeño.

Tenemos en la oposición a masas de personas que han muerto políticamente, aunque todavía no se han dado cuenta de ello. A lo largo de los próximos años veremos cómo desaparecen muchos think tank, organizaciones, políticos y opinadores. Eso será sano si sobreviven los pocos que aprendan cuánto cambió todo y sepan adaptarse y, sobre todo, si el fracaso del discurso liberal motiva a nuevas generaciones a redefinir las premisas de la discusión y asumen el liderazgo que les toca. Entre más pronto suceda, mejor.

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