Fernando Dworak

Análisis Político

El triunfo de la posverdad

Posted on Sep 18, 2019 in articulos

El triunfo de la posverdad

Publicado en Indicador Político el 18 de septiembre de 2019

Aunque todos sabemos que no existe la magia, y que los magos recurren a la distracción y la prestidigitación, a muchos nos encanta el espectáculo que dan. Podemos conocer incluso la mayoría de los trucos y adivinar en qué podrían consistir los otros. Sin embargo, es difícil igualar la habilidad del ejecutante y la emoción que despierta.

Algo similar sucede con López Obrador. Su discurso es predecible: una mezcla del viejo nacionalismo revolucionario, mezclado con altas dosis de victimización y una retórica mesiánica y polarizante. Como sucede con otros líderes populistas, tiene la habilidad de lucir auténtico frente a élites políticas anquilosadas. Desde el poder, ha impulsado una serie de reformas simbólicas y protocolarias que marcan una distinción entre su gobierno y un “viejo régimen”. Pero aún así nadie ha logrado atajarlo en tres décadas, menos aún presentar una alternativa clara, viable y atractiva.

Acabamos de ver cómo el ejecutivo volvió a hacer su truco con el primer grito de independencia que dio desde el Palacio Nacional, convirtiendo en un evento partidista lo que debería ser una fiesta para celebrar nuestra unidad como país. ¿A cuáles trucos recurrió para volver a hacer su magia?

Primer acto: romper protocolos. López Obrador ha mostrado que la mejor forma de implantar una noción de legitimidad es rompiendo con las formas del pasado. Eso ayuda hacer que el líder luzca “auténtico” y por ello igual al resto de la gente “de a pie”. Por ello anunció que la ceremonia no consistiría en una cena fastuosa y que sólo habría antojitos y aguas frescas.

Esta ruptura de protocolo alimentó a su vez a la posverdad de sus seguidores: gracias a gestos como éste, tienen al mejor líder de la historia del país; sin importar que eso sólo se puede definir hasta el momento como un legado a futuro. Se pueden añadir detalles como el anuncio de que en esta ocasión no habría “acarreados”, o circular en redes imágenes de militantes que refuercen este discurso de felicidad y redención.

Segundo acto: generar expectativas. El mejor recurso para ello es despertar la imaginación. Para este caso, tenemos el anuncio de que el ejecutivo gritaría 20 “viva” durante la ceremonia del grito. Bastó con ello para que las redes sociales especularan por horas, algunos haciendo mofa, otros soñando con las alusiones y otros más rememorando los excesos y ridículos de otros presidentes.

Tercer acto: romper expectativas, confirmándolas. Si el protocolo está roto, hay multitudes esperando un evento que los reivindique. De esa forma, la especulación sobre lo que dirá garantiza éxito del acto. En este caso, una ceremonia aparentemente austera desvió la atención al hecho de que el único protagonista fue el presidente, seguido por su esposa. Las multitudes vivieron en pleno su posverdad, ya sea a favor del régimen o en añoranza hacia otros gritos de ejecutivos anteriores. Sobre todo, los “viva” se discutieron a partir de las expectativas que propios y extraños se habían hecho a partir de lo que habían imaginado horas antes, alabándolas o reconociendo que el ejecutivo no se habría sobrepasado según el caso.

El saldo final: una vez más se partidizó una ceremonia cívica que debería celebrar nuestra identidad, en vez de segmentarla según clivajes políticos. Y todo se hizo a partir de los mismos elementos simbólicos y discursivos que hemos visto a lo largo de décadas.

Mientras tanto, y como ocurre en todo acto de magia, la prestidigitación logró que no prestemos atención al fondo: la agenda pública y su problemática. Chapeau.

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *