Fernando Dworak

Análisis Político

El juicio político contra Rosario Robles: un ejercicio de banalidad

Posted on Dic 13, 2019 in articulos

El juicio político contra Rosario Robles: un ejercicio de banalidad

Publicado en Indicador Político el 12 de diciembre de 2019

Por primera vez en décadas, avanza un juicio político en la Cámara de Diputados y todo indica que hay interés para que culmine. Se puede alcanzar la mayoría simple en la cámara baja y quizás la calificada requerida en la colegisladora. Sin embargo, y dejando a un lado cualquier consideración sobre su indiscutible legalidad o si está o no fundamentado, se trata de un acto de venganza política en lugar de un afán justiciero. ¿Cómo llegamos a este punto?

Los juicios políticos en sistemas presidenciales son un control de carácter político que tiene el poder legislativo sobre los titulares de los otros dos poderes, donde la cámara baja es jurado de acusación y la otra de sentencia. Como dijo el entonces académico y posteriormente presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, se puede iniciar por todo cuanto considere el Congreso que debería iniciarse. La única salvaguarda para que no se abuse de este recurso es que debe ser lento y tortuoso, para desarticular las pasiones que se puedan tener en un momento.

Para usar una analogía, el juicio político es una bomba atómica en el arsenal de herramientas de control del legislativo: un recurso extremo que acaba con la carrera del indiciado y de paso afecta la credibilidad del sistema. Richard Nixon prefirió renunciar antes de ser procesado. William Clinton apenas la libró. Donald Trump se la está jugando el todo con el todo mientras enfrenta ese proceso.

Sin embargo, en México amenazar con un juicio político se había vuelto hasta hace poco en el equivalente a asustar con el petate del muerto: una amenaza hueca pero mediática que se invocaba ante cualquier escándalo público, en ausencia de un caso debidamente armado para presentarlo ante los aparatos judiciales. En ese entendido, la apuesta era por el desgaste en la imagen del acusado antes que la justicia.

¿Cómo le hicimos para banalizar este procedimiento? Mientras en la mayoría de los sistemas presidenciales se enfoca en los titulares de los poderes ejecutivo y judicial, el Congreso de la Unión puede enjuiciar a estos funcionarios, al gabinete, titulares de órganos autónomos, poderes locales y otros, alcanzando a un total de 3,000 personas susceptibles de juicio político. Con un número tan alto, la amenaza se diluye.

Otro problema: mientras en los otros países inicia por lo que los legisladores consideren, en México cualquier persona puede solicitarlo ante la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, haciendo que se acumulen cientos de peticiones banales. Por otra parte, la Constitución establece que se puede iniciar un juicio político hasta un año después que un funcionario haya abandonado su cargo, fomentando todavía más el espectáculo que el control sobre el poder.

Finalmente, si se llegase a iniciar un juicio político contra un funcionario estatal desde el Congreso de la Unión y de casualidad llegase a prosperar, la legislatura local podría ratificar si procede o no: el doble punto de veto podría terminar premiando la simulación y la impunidad.

El juicio político no deja de ser un espectáculo si de todas formas la ex secretaria enfrenta ya un proceso penal por su presunta responsabilidad en los ilícitos registrados en la investigación conocida como La estafa maestra. Peor aún, la existencia de un grupo parlamentario mayoritario puede llevar a otro problema con un procedimiento de juicio político tan deficiente como el que tenemos: que sea usado como instrumento de control y chantaje.

Para muestra un botón: ante la declaración de los gobernadores panistas por desconocer a Rosario Piedra como presidenta de la CNDH, Ricardo Monreal amenazó con iniciarles juicio político por desacato. Imaginemos que los gobernadores procediesen y en efecto prosperara el juicio político en el Congreso: sería detenido en las legislaturas locales donde el PAN fuese mayoría. Aunque no pasara gran cosa, esto sería en la siguiente elección un tema que Morena posicionaría, pudiendo avanzar en esa entidad.

Pero bueno, esto es el resultado de un procedimiento mal diseñado, el cual no fue modificado porque convenía a la vieja élite. Y si no reconocen la necesidad de adecuarlo según parámetros comparados, será usado contra ellos.

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