Fernando Dworak

Análisis Político

Cómo dejar rengo a un secretario durante una comparecencia

Posted on Nov 7, 2019 in articulos

Cómo dejar rengo a un secretario durante una comparecencia

Publicado en Indicador Político el 6 de noviembre de 2019

Es evidente la decadencia de los partidos de oposición cuando lo único que pueden producir son anécdotas y espectáculo en lugar de exigir cuentas. Todavía peor, cuando el interpelado es un secretario que ya está viviendo horas extra en su cargo y su posición es cada vez menos sostenible.

La semana pasada, durante la comparecencia en la Cámara de Diputados del secretario de Seguridad Pública, Arturo Durazo, un grupo de diputados del PAN y el PRD subieron con playeras negras que decían “Fuchi, wacala”. El resultado: validaron el lenguaje de una persona que justamente implanta estas palabras para que el debate público se guíe bajo sus cuadros cognitivos.

Lo peor: durante la comparecencia de este mismo funcionario, senadores del PAN usaron la imagen de Pinocho para mostrarlo como mentiroso, e incluso una senadora le regaló un muñeco de madera de ese mismo personaje. En respuesta, el secretario dijo que le gustaba para su nieto. Quizás hubo algunas participaciones interesantes, pero se diluyeron por el chiste. Es decir, lo dejaron ir vivo.

¿Se podía hacer algo? Desde luego. Por ejemplo, era posible contrarrestar la falacia de que actuaron sin dolo u ocultando información sobre la crisis en Culiacán, mostrando los vaivenes en información. Así los legisladores hubieran exhibido la acción como lo que fue: una completa ineptitud en manejo de crisis de comunicación, de tal forma que hasta hoy nadie sabe qué pasó.

¿Es posible que un secretario renuncie a partir de una comparecencia? Es raro, pero un cuestionamiento adecuado puede dejarlo rengo. Recuerdo un día que el entonces secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, compareció ante la Cámara de Diputados, en septiembre de 1996.

Según las crónicas, su participación era brillante hasta que el diputado independiente Adolfo Aguilar Zinser le hizo dos preguntas: Señor secretario, ¿a quién debería responsabilizar este Congreso por las operaciones militares contra los grupos que usted califica como terroristas?… Y también quiero que me diga si está usted, como secretario de Gobernación, el presidente y su partido, preparados para entregar el poder a la oposición en 1997.

Se registra que el rostro del secretario se endureció y le replicó al diputado que su discurso y forma de hacer política eran “dignos de la siquiatría”, le llamó “tránsfuga de partido”; “político incoloro”, “Savonarola”, “macartista” y prácticamente lo acusó de traicionar a Cuauhtémoc Cárdenas cuando le dijo que “hay políticos que también cometen fraude al seguir a un líder y después denostarlo con libros arteros” y terminó recriminándole que fuera al extranjero a ventilar los asuntos de corrupción en México.

En el uso de su derecho de réplica, Aguilar Zínser le dijo a Chuayffet: “los términos en que se refería a su persona son reveladores de la mentalidad del gobierno. Si usted cree que yo encajo en esas descripciones, entonces está usted preparando un Archipiélago Gulag. ¿Va usted a mandar s sus disidentes políticos a hospitales siquiátricos, señor secretario, como lo hizo el totalitarismo soviético?”

Agregó: “Yo, señor secretario, vendo mis conferencias porque de eso vivo y vivo honestamente. Yo no vendo al país en Estados Unidos, yo no vendo la soberanía de México en Estados Unidos, yo no vendo la independencia, yo no vendo la dignidad… y no seré intimidado para dejar de ejercer mi libertad de expresión. Lo invito a dejar su actitud de confrontación, señor secretario, y de descalificación personal… yo a usted lo respeto, no lo descalifico personalmente, y no le admito a usted descalificaciones a mi persona”.

A partir de ahí, todo fue cuesta abajo. Aunque Chuayffet no fue removido de su cargo sino hasta enero de 1998, el daño estaba hecho: el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados y el poder en 2000. ¿Por qué no fue relevado antes? Porque el primer secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, apenas había durado un año y a Zedillo no le importaba mucho la conducción política.

¿Qué podemos aprender? Primero, en una comparecencia importan más la retórica y las emociones que los chistes. Los legisladores deben representar algo concreto y saber los flancos débiles del contrario. Finalmente, se necesita una proyección a futuro: en el caso de Aguilar Zinser, la pérdida de la mayoría en 1997, que ayude a motivar a propios y extraños.

Pero bueno… al parecer lo que tenemos es lo que hay.

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