Fernando Dworak

Análisis Político

¿Cómo cambiar las narrativas? El caso de la educación

Posted on Dic 5, 2019 in articulos

¿Cómo cambiar las narrativas? El caso de la educación

Publicado en Indicador Político el 4 de diciembre de 2019

Es muy probable que Morena gobierne por varios sexenios, al paso que va la oposición. Preocupa la creencia que un opositor debe ser tan radical como los fanáticos gobiernistas, de tal forma que cualquier postura que apueste por la moderación y tender puentes es considerada “tibia” y por ello reprobable.

Sin embargo, al hacer esto no sólo se muestran tan intransigentes y fanáticos como los radicales del otro extremo, sino también terminan trabajando a favor del afianzamiento del ejecutivo y su programa o, como ya lo decía Jesús Reyes Heroles, todo lo que resiste, apoya. Las razones: una postura excluyente no suma a quienes no están necesariamente en alguno de los lados, y esto permite al presidente señalarlos hasta el cansancio como adversarios, fortaleciendo su narrativa.

¿Qué hacer? La responsabilidad es individual antes que colectiva, e implica reconstruir una narrativa que pueda seducir la imaginación del votante frente a lo atractivo del discurso oficial. Si el país no volverá a ser como era en junio de 2018, el reto es calibrar lo que se ganó o enfrentar el deterioro. Es necesario reconocer lo alcanzado y las fallas, para inspirar con la nueva alternativa.

Veamos cómo puede tejerse en un tema que saltó esta semana a la agenda pública: la educación. El pasado martes 3, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) presentó los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de los Alumnos (PISA) correspondiente a 2018. Como es habitual, los países de Iberoamérica ocupamos los últimos lugares en la prueba, que contempla temas como comprensión de lectura, matemáticas y ciencia.

Según PISA, México está en penúltimo lugar en competencias de ciencia y matemáticas, y se registró un retroceso en capacidad de comprensión de lectura. En cuanto a nivel secundaria, sólo el 1% se encuentra en las dos principales categorías, mientras el 35% no aprueba los criterios.

Como respuesta, el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, sacó la gran carta retórica del PRI de los setenta: la resignación, la victimización y la excepcionalidad mexicana. En sus palabras, México está mejor que otros países en materia socioemocional y convivencia en aulas. Además, pidió no comparar nuestros resultados con los otros integrantes del “club de los países ricos”, sino con países que también hayan sido conquistados por España. Nada mal si se hubiera dicho esto durante el sexenio de López Portillo, pero hablamos de cuarenta años de integración con el mundo.

¿Qué debería contemplar un discurso alternativo? En primer lugar, hablar del potencial de México: somos América del Norte por condición geográfica, culturalmente iberoamericanos y tenemos la capacidad de comerciar con el mundo por tener acceso a los dos océanos. Eso significa que nuestro potencial para convertirnos en una potencia es enorme. ¿Suena desbordado? No: se empieza por inspirar al electorado para que sepa los retos.

En segundo lugar, reconocer que el mundo se está integrando no solo en regiones, sino que las propias cadenas de valor no se detienen a lo largo del globo. La educación no sólo debe de formar habilidades, sino preparar al estudiante a un entorno donde deberá permanentemente desaprender lo que sabe y adquirir nuevos conocimientos. Hay que transformar el aprendizaje y reconocer que un profesionista deberá ser altamente competitivo si desea sobrevivir. Eso no es neoliberalismo descarnado, sino realismo básico.

Tercero: reconocer lo avanzado y las inercias que no se han superado. Venimos de un régimen de partido hegemónico donde la educación era una herramienta de adoctrinamiento, no de formación intelectual y en cuarenta años se hicieron avances. Aquí hay que tener claras las fallas: las reformas no rompieron un sindicalismo que tiene el monopolio de la representación gremial y en muchas ocasiones se cedió al chantaje de grupos como la CNTE y sus métodos de enseñanza.

Si se toma lo anterior, es posible denunciar el retroceso: no sólo se está demeritando el conocimiento, sino que estamos volviendo a esquemas de adoctrinamiento con la educación en principios morales o una historiografía maniquea.

El último paso es más complejo, pero seguro expertos en el tema lo pueden construir: ¿cómo se puede mejorar lo que se tiene? ¿Qué experiencias del pasado sirven? ¿Cuáles son los temas preocupantes de la reforma que impulsó el gobierno? En este punto el pesimismo a ultranza no ayuda: hay que reconocer la realidad.

Si no modificamos los discursos, no habrá alternativas. De suceder eso, mejor sentémonos a que Morena se desgaste, lo cual podría ocurrir dentro de 12, 18 ó 24 años aproximadamente.

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