Fernando Dworak

Análisis Político

Leonard Cohen y el disco de la muerte

Posted on Ene 4, 2017 in articulos

Leonard Cohen y el disco de la muerte

El tema más difícil de abordar en la música popular es la muerte: ¿cómo hacerlo sin que suene kitsch, melodramático, fatalista o trilladamente nihilista? El objetivo es celebrar la vida de cara al reconocimiento de nuestra finitud, de tal forma que el recuerdo constante de lo inevitable sea una de las razones para seguir adelante.

Los franceses tienen un término para este género: el disco de la muerte. Uno de los mejores exponentes fue el chansonnier Jacques Brel. Sin embargo esta búsqueda es universal y de vez en cuando se encuentran obras dignas de este título.

Es fácil menospreciar o glorificar hasta la cursilería a Leonard Cohen. Para muchos sus letras son oscuras y su voz profunda puede alejar de su poética. Los álbumes de estudio tienen arreglos sencillos y hasta descuidados desde el punto de vista de la producción, como si temiera que las letras se pierdan si se elaborase más la música. Sólo en concierto las canciones florecían con grandes músicos que enriquecían los arreglos e insertaban segmentos solistas.

Al contrario, hay quienes con dos o tres canciones lo endiosan sin realmente sumergirse en su búsqueda por equilibrar el erotismo y en ocasiones la sexualidad desnuda, la vida interior por darle un nombre a lo espiritual y la política. Todo aderezado con ironía, imágenes religiosas, profanas y cotidianas y algo de humor negro.

Una muestra sobre cómo se ha ignorado su poética: una de sus mejores canciones, Hallellujah, se ha vuelto en una especie de himno comercial que pocos pretenden entender más allá del estribillo, donde la relación del rey David con Dios se desdobla en la pasión del primero por Betsabé y de ahí en la fallida lucha del hombre por verse completo en otros. Y aun cuando todo salió mal, prosigue Cohen, uno se erguirá ante el Señor de la Canción con nada en la lengua aparte de un aleluya.

Van cinco recomendaciones para quien desee adentrarse en el mundo de Cohen. Primera, Joan of Arc, que habla sobre el romance del fuego y la doncella de Orleans en el patíbulo. Busquen la versión de Jennifer Warnes, donde el autor canta las partes del fuego. Segunda, Night Comes On: el poeta lamenta la pérdida de sus padres, siente la necesidad de recogerse y tal vez llorar antes de regresar una vez más al mundo. Tercera, Democracy: aunque siempre fue un firme sionista y en algunas obras hablaba también del nacionalismo en Quebec, sus visiones sobre la política tendían a ser universales y centradas en ideales. Cuarta, Love Itself: su nivel de abstracción entre el polvo que flota, el amor y el vacío alcanza niveles de misticismo similares a la obra de San Juan de la Cruz o la poesía zen. Quinta, Because Of, donde el autor ya viejo habla una vez más de la mujer y el erotismo en el crepúsculo de su vida. Y si les gusta la literatura busquen su segunda novela, Beautiful Losers.

Cohen nos regaló un verdadero canto de cisne semanas antes de su partida el pasado noviembre: You Want It Darker. En la tradición del disco de la muerte, las nueve canciones hablan del dejar ir y la aceptación de la fatalidad, tejiendo un panorama oscuro aunque con esperanza en un nuevo equilibrio al final.

Con un nihilismo que no se le escuchaba desde The Future de 1992, la primera canción que lleva el nombre del álbum. Mientras hace 25 años hablaba de un oscuro porvenir, en su última obra da un paso más: matar la luz y encomendarse a la divinidad. Un coro de sinagoga y un solista hebreo marcan un ambiente fúnebre donde la invocación se mezcla con imágenes de ejecuciones y demonios clasemedieros. El coro vuelve a aparecer en It Seemed The Better Way, donde Cohen cuestiona sus creencias antes de la muerte y decide alzar el vaso de sangre y brindar.

El amor perdido y la despedida marcan también el álbum. En Treaty se dirige a una antigua amante, deseando que pudieran firmar un tratado entre su amor y el de ella. La obra cierra con una versión instrumental de este tema. Las canciones On The Level y Leaving The Table siguen con el tono de nostalgia y despedida, donde al final el recuerdo y la ausencia restablecerán los equilibrios que se habían perdido. Pero aun así el amor sobrevive y sin éste nada existiría, como afirma en If I Didn’t Have Your Love.

Otro tema que se explora es el dejar atrás los rencores y sentimientos que aten a la persona, como habla en Travelling Light. Y finalmente en Steer Your Way nos invita a ir más allá de las ruinas del altar y el mall, de las fábulas y las certezas y el dolor para al menos intentar lograr algo que debajo de las alegorías no pretende realmente definir: eso nos correspondería a cada uno según nuestra búsqueda.

Con sus sombras, nostalgias y tragedia, el disco de la muerte de Cohen es un último regalo donde desea mostrar su condición y nos invita a aprovechar nuestro tiempo bajo el sol. Descansa en paz, poeta de las dos grandes intimidades.

 

Para escuchar más

A continuación una lista de otros discos de la muerte en la cultura popular, ordenadas según el año que se publicaron.

Queen, Innuendo (1991)- Un redoble marcial de Roger Taylor abre el disco como un telón y la guitarra de Brian May y un “ooh, ooh” de Freddie Mercury imponen una canción ambiciosa, pomposa, pretenciosa y magnífica donde habla de luchar, transgredir fronteras y ser fiel a uno mismo. Pocos sabían en su momento que el vocalista literalmente estaba muriendo por las complicaciones del SIDA y nos estaba regalando su canto de cisne. En I’m Going Slightly Mad se burla de los ratos de demencia que atravesaba, abrazaba la vida en These Are The Days Of Our Lives y en Show Must Go On canta sobre vencer la adversidad y seguir adelante.

Lou Reed, Magic and Loss (1992)- Aunque este disco no tiene la fama de Transformer, Berlin, The Blue Mask o New York y de hecho ya para los noventas se presentaba como una versión buenaondita de sí mismo en las películas de Win Wenders, habla sobre la pérdida de dos amigos desde la añoranza en What’s Good, la enfermedad, la desesperación y la redención en Magic And Loss: hay mucha magia en todo, y algo de pérdida para equilibrar las cosas.

George Harrison, Brainwashed (2002)- Voy a decir dos cosas que pueden no ser gratas para el beatlemaniaco promedio. La primera: la carrera solista de Harrison fue la más interesante. Mientras a Lennon se le ha glorificado más por su muerte que por su obra y McCartney se ha convertido más en un patriarca que en un genio, el “beatle callado” refinó sus búsquedas musicales y temáticas. Además su ironía inglesa nunca se perdió. Grabado en sus últimos momentos, habla con humor sobre la banalidad humana en Any Road, y regala un instrumental exquisito en Marwa Blues. La religiosidad está presente en casi todo el disco, como en la canción que da título al álbum. ¿La segunda cosa? Lennon fue un mucho mejor cuentista que músico: busquen In His Own Write, A Spaniard In The Works y Skywriting By Word Of Mouth si no me creen.

David Bowie, Blackstar (2015)- Más allá de la especulación que generaron dos canciones del disco tras su muerte a pocos días de haberse lanzado el disco, el camaleón nos regaló una de sus mejores obras. Dejen a un lado la especulación y escuchen los arreglos que tocan el jazz por momentos. Hay nostalgia como en Blackstar, Lazarus, Dollar Days y I Can’t Give Everything Away, pero también humor con ‘Tis A Pity She Was A Whore y su fascinación con ambientes de la Alemania de Weimar en Sue (Or In A Season Of Crime). Olvidemos lo que pudo haber sido de vivir un año más y celebremos lo que nos dejó.

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