fernando dworak

Análisis Político

¿Se vale rendir homenaje a la Constitución de 1917?

Posted by on Feb 2, 2017

¿Se vale rendir homenaje a la Constitución de 1917?

Un criterio práctico para redactar una constitución estable es garantizar libertades individuales y definir mecanismos para limitar el poder. Las sociedades evolucionan y toda reforma arroja efectos esperados e inesperados, pudiendo ser los segundos accidentes afortunados o efectos adversos. Pero mientras la ley fundamental se enfoque en esas dos premisas se da flexibilidad para definir los cambios en leyes secundarias.

Al contrario, la creencia de que la constitución en sí es una herramienta de cambio nos ha llevado a casi dos siglos de errores institucionales. En 1857 se pensó que un texto liberal cambiaría el país. El resultado: la negociación de una élite con la realidad social, derivando en un régimen cerrado que se agotó por vejez en 1910. Al final el ideario de la Reforma se convirtió en un objeto de veneración para aplicarse selectivamente, si acaso.

Lo mismo pasó con la constitución de 1917 Entronizada por el régimen como la primera ley fundamental del siglo XX con un contenido social, cientos de reformas la convirtieron en un texto confuso, aspiracional y sobrerregulado que más bien merecería el nombre de Reglamento Político de los Estados Unidos Mexicanos.

¿Cómo llegamos a eso? A partir de la creencia decimonónica de que la constitución era un programa se consolidó un régimen autoritario, vertical y clientelar. Después de algunas reformas que se hicieron al texto entre los años 30 y 40 del siglo pasado para consolidar al partido hegemónico, el texto se convirtió en motivo de veneración mientras las leyes no escritas comenzaban a pesar más.

El aparato educativo, controlado por el Estado a través de un monopolio gremial, nos enseñó que tenemos la mejor carta magna del mundo y que sólo era cuestión de aplicarla. O si eso fallaba, se nos decía que era en realidad un programa de largo plazo para una revolución permanente o institucionalizada. Generaciones de juristas se convirtieron gracias al patronazgo del régimen en apologistas del sistema, reforzando la creencia, como supone hoy la literatura de autoayuda, de que bastaría con decretar algo para cambiar la realidad.

Al entrar el régimen en crisis a partir de los años 80, la respuesta fue apuntalar la legitimidad enriqueciendo el texto constitucional en lugar de simplemente abrir el sistema. Esto también enquistó intereses que se beneficiaban con los cambios a un texto que debería ser de difícil reforma. Pero el partido todavía podía cambiar las cosas por sí mismo.

La apertura democrática y la incapacidad de un grupo de personas a dar seguimiento de largo plazo a sus acuerdos al no haber reelección hizo que todas las reformas tuvieran que pasar por cambios a la constitución, o de lo contrario lo alcanzado podía ser revertido por una mayoría distinta a la que reformó en la siguiente legislatura. Como se mencionó arriba, tenemos el Reglamento General de los Estados Unidos Mexicanos – y hay quienes desean seguirla adornando.

Al contrario de la opinión de algunos, un nuevo constituyente no llevaría a una mejor constitución más allá de tener un texto más ordenado. Si se desea un cambio es necesario destejer toda la red de intereses que se han beneficiado del estado de las cosas. Este proceso será largo y el resultado será producto de muchas batallas donde el gradualismo será la regla.

¿Se puede honrar a un texto tan confuso, complejo, contradictorio y aspiracional sin recurrir a la cursilería que se nos ha inculcado? Sí: cuestionándola y presionando por formas para desregularla. Sólo así podremos llegar a tener una norma aplicable y funcional. Esto se puede alcanzar al conocer el modelo original y desenmarañar cómo se fue reformando y bajo qué dinámicas y coyunturas.

Como en un ejercicio de psicoanálisis cada grupo con sus intereses necesita revisar esa historia para su respectivas áreas. ¿Qué pasó con la educación entre 1917 y hoy? ¿Con la propiedad del Estado? Cierto, avanzamos de un modelo de garantías individuales al reconocimiento pleno de los derechos humanos, pero ¿qué debemos trabajar para fortalecer las instituciones? Hay que desmenuzar los aciertos, los errores y las ocurrencias y esa es tarea de todos desde nuestras trincheras.

El mejor homenaje que le podemos hacer a nuestra constitución es cuestionarla severamente.

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