fernando dworak

Análisis Político

López Obrador y el liberalismo de monografía

Posted by on Feb 21, 2018

López Obrador y el liberalismo de monografía

Las palabras no solo tienen la función de describir el mundo y dar forma a nuestras percepciones. Al ser un elemento de cohesión para una comunidad, se les puede usar para construir legitimidad a un régimen, radicalizar a una población o incluso hacer que pierda sus referentes básicos para deconstruirla según los intereses de un líder.

Por ejemplo, la instauración de la iglesia como aparato religioso del Imperio  Romano en el siglo IV de nuestra era trajo el cambio en el orden de los meses, pasando ser el séptimo (septiembre) en el noveno del nuevo orden, modificando así las percepciones sobre los ciclos anuales. También George Orwell muestra cómo los sistemas autoritarios de su novela 1984 alteraron los nombres de los continentes. De esa forma, al cambiar la definición una palabra se cambian las nociones sobre el entorno.

Uno de los políticos que mejor entienden los usos del lenguaje es Andrés Manuel López Obrador. Entre las expresiones que usa para tejerse una legitimidad alrededor de su persona es el “liberalismo”, centrándose en la imagen de los grandes liberales del siglo XIX. Es tal su afán que él mismo se autodefine como un “liberal puro”.

Más allá de estar de acuerdo que López Obrador es cualquier cosa menos un liberal como han dejado claro muchos autores como Jesús Silva-Herzog Márquez y Enrique Krauze, habría que denunciar la táctica de comunicación junto con el  abuso de la palabra. El problema de fondo va más allá de saber  quién es liberal sino de un intento de apropiación de conceptos, valores y referentes para tejer un discurso de poder donde las palabras pierden significado. De esa forma podremos estar en mejor condición para entender su retórica y atajarla.

La palabra “liberal” puede tener distintos usos según el país y el momento. Por ejemplo, en Estados Unidos es sinónimo de  “progresista”, siendo los libertarios lo más cercano al uso común del término. Tampoco un liberal del siglo XIX defendía exactamente las mismas causas de un par contemporáneo. Sin embargo se puede  afirmar que el liberalismo defiende como valor más sagrado a la libertad individual,  tanto en lo político como en lo económico y según algunas escuelas de pensamiento, en social.

La única limitación a la libertad del individuo es la libertad de otros individuos. Como reglas de convivencia se han establecido valores como la tolerancia y el  libre intercambio de ideas. En lo político ha significado división del poder a través de pesos y contrapesos, además del empoderamiento del ciudadano. En lo económico la agenda va del respeto a la libre propiedad al libre comercio, salvaguardando condiciones equitativas de acceso a mercados y de competencia. Y aunque no necesariamente apuesta a una segmentación como en un pensamiento progresista, reconoce que todos tienen los mismos derechos que los demás en un ambiente de respeto.

Durante el siglo XIX los liberales apoyaban temas como separación Iglesia-Estado, tolerancia religiosa y algunos defendían la libertad de culto, propiedad privada y división de poderes en un esquema de pesos y contrapesos. Ese ideario quedó plasmado tanto en la Constitución de 1857 como en las Leyes de Reforma.

Hacia mediados del siglo XIX los liberales se dividían entre radicales o “puros” y moderados, siendo la diferencia la forma y la rapidez que se instrumentarían los cambios considerados necesarios. La polarización social a partir de 1853 hizo que los moderados desaparecieran como intermediarios. Es decir, un liberal “puro” es un exaltado para las visiones de la época y sólo vemos esa denominación como algo positivo porque fue la facción ganadora.

¿Por qué López Obrador, siendo cualquier cosa menos liberal bajo estas definiciones y los textos de Silva-Herzog Márquez y Krauze, usa el término para autodefinirse? La respuesta: durante décadas el PRI instauró una visión del mundo fatalista, donde el mexicano estaba condicionado por una serie de traumas históricos: el nacionalismo revolucionario.

Como parte de la narrativa del nacionalismo revolucionario, el régimen se presentaba como continuador del liberalismo decimonónico, aun cuando en realidad lo anulaba frente a un Estado que sólo respetaba en papel la división de poderes, se encontraba cerrado al mundo, con monopolios y esquemas corporativistas y que además negaba derechos políticos. Bajo esta visión el ideario de los liberales se convirtió no en algo vigente sino en una monografía de papelería: una serie inconexa de anécdotas sobre “grandes hombres”  con poco análisis historiográfico, un sesgo maniqueo, destinado no para entender el pasado sino para justificar a un régimen

De esa forma el liberalismo decimonónico se redujo a una serie de frases célebres, calles y ciudades nombradas según próceres, el elogio a las Leyes de Reforma sin entender sus alcances o vigencia y quizás la reducción al ideario liberal a la separación Iglesia-Estado. Siendo López Obrador un representante acabado de la visión nacionalista del PRI, ha usado esas imágenes para legitimarse.

Por desgracia el liberalismo de monografía es más popular que enfrascarse en una discusión sobre lo que significa hoy este ideario. Aunque es atávico, ni los gobiernos del PAN ni del PRI han hecho algo serio para reemplazar al nacionalismo revolucionario. Y aunque los intelectuales liberales tengan la razón, el discurso simplista puede ganar la batalla si no hay un esfuerzo serio de divulgación y socialización. El ciudadano podría rechazar a López Obrador si tuviera idea de qué propone, pero le apoya porque lo ve cercano frente a sólidos  pensadores cuya influencia apenas rebasa el círculo rojo.

1 Comment

  1. Excelente síntesis del deambular muralista de mexico, un pais de espejos de mercurio

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