fernando dworak

Análisis Político

La decadencia de Roger Waters

Posted by on Jul 10, 2017

La decadencia de Roger Waters

No es lo mismo grabar un disco con algo nuevo o simplemente lanzar una colección de canciones. Las expectativas crecen si se deja pasar un tiempo considerable entre obras y hablamos de alguien que en su momento innovó en la música.

Roger Waters se ha presentado tras su salida de Pink Floyd como el genio detrás de la banda. Incluso descalificó los discos que lanzaron sus ex compañeros bajo el liderazgo de David Gilmour como imitaciones. Desde su regreso a los escenarios en 2003 se ha dedicado básicamente a explotar glorias pasadas. Y 25 años después de su último álbum, Amused to Death, volvió con… la obra póstuma de su ex grupo: Is this the Life we Really Want?

Aunque la nueva producción no es necesariamente mala, es una decepción para un fan. Empecemos por su gancho: ¿fue el genio de la banda? En realidad no: lo mejor de ellos fue producto de la colaboración con David Gilmour y Richard Wright con Nick Mason dando apoyo rítmico, siendo Waters el letrista. Nunca fue un instrumentista destacado y de hecho ex compañeros decían que estaba negado al tono. Tampoco es un gran cantante: su rango va del susurro, pasando por la melodía hablada y los gritos. Para decirlo en términos mexicanos, viene siendo un canta-autor.

Los discos principales de Pink Floyd contenían principalmente canciones largas, donde cada miembro aportaba alguna idea o segmento instrumental. Los mejores momentos de la banda fueron los álbumes que van de Meddle (1971) a Animals (1977). Antes de ello estuvo el breve liderazgo de Syd Barrett y varios esfuerzos por reencontrar el rumbo creativo tras la tragedia de este genio.

A lo largo de esos años Waters fue madurando como letrista. Cierto, desde 1967 tenía un sesgo político, concretamente de izquierda. Así se insinuaba en el instrumental Pow R Toc H, cuyo acrónimo sería “Los prisioneros de guerra son de Toc H”, siendo lo último un club social para soldados. Otros ejemplos serían la fantasía igualitaria de Point me at the Sky (1968) o la ironía con la que probaba las mieles de la fama en St Tropez (1971).

¿Es malo mezclar la música con la política? Todo el arte tiene un contenido político, sea a partir de los cánones creativos que muchas definen los gobiernos, sea porque el Estado de alguna forma lo patrocina para legitimarse o actualmente para hacerse de poder suave. Por ejemplo la generación de grandes músicos ingleses de los 60 – 70 se educaron en escuelas de arte, creadas para absorber el baby boom de los 40 – 50 sin tener que bajar la calidad de la educación universitaria. Salieron de ahí, entre muchos otros, John Lennon, Ron Wood, Pete Townshend, David Bowie, Freddie Mercury y Bryan Ferry.

También la política aparece en el arte gracias a las visiones y vivencias de los artistas. Por ejemplo es imposible disociar la música de Rush de las letras libertarias de Neil Peart, empezando por su canción más conocida: Tom Sawyer. A final de cuentas toda expresión artística refleja una forma de vivir y siempre estará bajo la sombra del régimen o discurso vigentes.

Sin embargo hay dos extremos que deberían evitarse. El primero es la militancia, lo cual hace que el artista se convierta en parte de una coyuntura y su obra en olvidable. El disco más intrascendental de John Lennon cae en esa categoría: Some Time in New York City. El otro es el adoctrinamiento, donde de manera explícita se busca infundir una visión excluyente de la “realidad”.

El mejor Waters metía sus preocupaciones políticas de una forma tan universal que era accesible y hasta cantable, como fue en The Dark Side of the Moon (1974). Poco a poco también fue desarrollando un sentido de ironía, sarcasmo y humor negro, como se escucha en The Wall (1979).

¿Qué pasó después? Waters consideró que Gilmour y Wright no eran necesarios y comenzó a tomarse a sí mismo demasiado en serio. The Final Cut (1983), último disco con Pink Floyd es más bien una obra solista. Las canciones se convirtieron en baladas con poca instrumentación y letras demasiado centradas en la era de Margaret Thatcher. Aunque hay algunas canciones interesantes, el resto es relleno.

Los primeros años solistas Waters pareció darse cuenta que la salida de Pink Floyd era una oportunidad para reinventarse. Su primer álbum solista, The Pros and Cons of Hitchiking (1984), suena ligeramente floydiano, pero con la guitarra de Eric Clapton, quien se discute varios excelentes requintos. La estructura temática son una serie de sueños y hay canciones sensacionales. Y aunque Radio KAOS tenía letras militantes, el sonido pop ochentero del disco las hacía más accesibles.

Las giras de esos años también eran interesantes pues jugaba con los arreglos de las canciones de Pink Floyd, dándoles nuevas perspectivas. Busquen alguna grabación de, por ejemplo, Wish You Were Here de esos años: las guitarras acústicas de la versión de estudio son reemplazadas por un piano y una guitarra eléctrica y la atmósfera adquiere un tinte más soul.

Algo sucedió entre ese disco y Amused to Death que lo llevó al declive y tal vez fue el concierto de The Wall en Berlín (1990). Un evento de tal magnitud pudo haberlo puesto al borde de una pendiente resbalosa de la que pocos artistas salen ilesos y algunos, como Bob Geldof, terminan convirtiéndose en caricaturas de sí mismos: el activismo político. Síntomas: pose compasiva y afán de hablar cuanto tema público se le presente aunque no tenga idea.

Amused to Death (1992) muestra a un Waters crítico de la sociedad de consumo, del capitalismo, de la carrera armamentística, de la matanza de Tiananmén y del vacío existencial. Los arreglos tienen algo más de floydiano que entregas anteriores. Conceptualmente es un disco sólido, vuelve a pensar en canciones más complejas y recluta a Jeff Beck para algunos requintos. Varias buenas canciones, aunque el sonido es demasiado cercano a Pink Floyd como para tener autoridad moral de criticar a su ex banda.

Los siguientes años fueron de bajo perfil: la opera Ça Ira (2005) y varios sencillos y canciones para películas aquí y allá que tampoco aportaron mucho. El regreso de 2003 fue bien recibido: una gira de grandes éxitos con arreglos idénticos a los discos originales, seguida por una centrada en The Dark Side of the Moon y dos alrededor de The Wall. Instalado en la corrección política, aprovecha cada escala para pontificar sobre los problemas mundiales y dar una opinión superficial sobre cada país que visita.

En lo personal preferí no ir a verlo el año pasado: sólo había una canción que me hubiera gustado escuchar y a final de cuentas hace la pantomima de que toca instrumentos en escena. Y cada vez participa más el cantante que contrató para las partes que eran de David Gilmour.

Waters ha terminado representando lo que está mal con los progresistas de hoy: demasiada corrección política hasta el grado de pontificar, discursos simplistas y confunden la burla grotesca con la sátira. Entonación cannabis: “¿ven? Puso a Trump como un cerdo con un pito chico”. “No wey, las netas que le tiró a Peña Nieto”. “Tss, el Rogelio Aguas está denso”. Risas de Beavis y Butthead en el fondo.

Llegamos así al nuevo disco. Líricamente tiene algunas frases ingeniosas pero nada que no nos haya dicho desde los setenta. El autoproclamado genio creativo detrás de Pink Floyd parece haberle dicho a los músicos que suenen como Gilmour, Mason y Wright, sólo que con una producción un poco más moderna.

Es tan trillado y predecible el disco que un cínico podría hacer un disco inédito de Waters a partir de sus tácticas creativas. Por ejemplo, desde los 80 cada vez que menciona la palabra eyes lo acompaña de los calificativos cold, electronic, dark o una combinación. Se pueden aislar líneas melódicas que repite una y otra vez álbum tras álbum. Las líneas de bajo son simples. Empieza canciones hablando y la mayoría de las veces las termina gritando. Aderezar esto con alguna frase sobre la política del momento.

Mientras los efectos de sonido lucían innovadores cuando se experimentaba con el sonido cuadrofónico o cuando se trataba de hacerla de puente entre canciones, su uso y abuso en Is this the Life we Really Want? hace que suene más a Manu Chao que a un conceptualista. Quien crea que el disco está padrísimo por este recurso necesita comprar audiolibros, no álbumes de música.

Musicalmente hay momentos, cierto, pero no sorpresas. Se oscila entre baladas al estilo de The Final Cut con obras más complejas que no dejan de sonar a Pink Floyd, sólo que sin los requintos de David Gilmour. Hay momentos en que pasan sin darse cuenta dos o tres canciones, de tan monótono que llega a ser.

Quienes nos gusta el rock clásico sabemos que nuestros ídolos están muriendo o se encuentran prontos al retiro. Es triste pero inevitable. Algunos se contentan con tocar una y otra vez sus éxitos. Otros todavía asumen riesgos y tratan de jugar con sus canciones o crear algo nuevo, como hace David Gilmour con cada nueva entrega.

En el panteón de los rockeros clásicos Roger Waters se está pareciendo más a un fósil de la Facultad de Filosofía y Letras que vende copias pirata que el innovador que un día fue.

15 Comments

  1. Muy bien fundamentada su crítica, en lo personal me emocionó Roger Waters en Bogotá en 2007 cuando presento el sonido envolvente y tocó todo Dark Side Of The Moon, en Colombia nunca habiamos tenido la oportunidad de presenciar un espectáculo como este. En 1992 nos visito David Gilmour con Roger Daltrey, para dar un comcierto a beneficiciencia de Ecomundo, fue una presentación pobre, asistimos una 1.500 personas. Siempre me he inclinado por destacar a Gilmour entre todos los integrantes de la banda, si bien es cierto que Barrett marcó un paso para la banda, también es cierto que Gilmour fie quién la catapultó. La comparación de talentos que haces en esta crítica es perfecta.

    • Muchas gracias por su comentario. Supe del concierto de Gilmour y Daltrey: me hubiera encantado verlos. Saludos.

  2. Te hace falta ver mas bax… No mames RW es pink floyd.

  3. Si Roger Waters quiere seguir sonando a Pink Floyd puede hacerlo pues es el creador de ese sonido, este periodista barre el suelo con Waters por que según el esto lo hace ver cool a los ojos de los lectores , solo un maltrecho ego,que intenta destrozar la carrera de uno de los.mas grandes exponentes del rock.

    • Gracias por el comentario. Cada quien tiene el derecho de sonar como quiera y también de escuchar algo o no. Me parece divertido su psicoanálisis. Saludos.

  4. Puede ser lo que dices pero despues de syd esta waters. Todo genio tiene su eclipse el mismo mozart termino tocando en burdeles. Se nota tu anti rogersismo y tu pro guilmoursismo olvidando que este le quito la mistica al grupo q waters supo defender: el legado de syd.

    • Gracias por el comentario. No sabía que eso me hace ser parte de una facción en la lucha entre floydianos. Saludos.

  5. Entiendo que los megafans puedan sentirse agredidos, siempre pasa cuando se critica a alguien con el aura de misticismo que posee alguien como Waters. Lo que se les pasa de largo es hablar objetivamente de la calidad del disco, no argumentan en pro de Waters sino en contra de Fernando y eso de recurrir a falacias argumentales convierte una opinión en una discusión la cual siempre se pierde si se reacciona así. Por cierto, el disco es bastante mediocre.

  6. Un comentario bastante tendencioso, resentido y poco profesional. Waters fue el mentor y genio de Pink Floyd, cualquiera que lea la historia de la banda concluirá lo mismo. Tan precario es que ni siquiera se reconoce lo pobreza de la producción floydiana post Waters. Pero bueno, si esto te hace feliz …

  7. Lamentable, pero los críticos de este texto no mencionan ni mínimamente el aporte tan importante de Richard Wright, sin duda el principal artífice de que la paleta sónica de Pink Floyd tuviera tantos colores. El más músico y el más sobrio.

    • Totalmente de acuerdo: el sonido de Wright era central en la etapa clásica del grupo. Pero bueno, si Waters en su última gira se adueñó de su música con una lamentable versión de “The Great Gig in the Sky”, qué se puede esperar…

  8. Definitivamente rogers se quedó sin vos,da pena escucharlo,hubiera estado vivo syd,se vuelve a morir,por otro lado ,david saca la cara por su antiguo grupo,y en cuanto a instrumentos y sonidos esto se mantiene,bueno tenemos que disfrutar sus antiguas grabaciones , son unos genios

  9. Considero que, si alguién te vende su obra o su trabajo, y tu lo compras porque te gusta o lo necesitas, o simplemente es parte también de tu terapia, entonces bienvenida dicha obra o trabajo.Cómpralo, disfrútalo, devóralo! Llámese Barret, Waters, Gilmour, Wrigth, Mason, o en conjunto.

    Si no te sive o te agrada lo que te ofrecen, es válida también una crítica, o simplemente no adquieres la propuesta.

    Para que desgarrarse con el viejo adagio de: fulano suena a Pink Floyd, sutano suena a Pink Floyd, perenganito suena a… Algún día escucharé Pink Floyd suena y es Barret+Waters+Guilmour+Wrigth+Mason? Espero que sí.

    P.D. Fernand 15, interesante y bien documentado artículo, esté o no de acuerdo. Mmmmm 50 y 50, te late? jejejee. En verdad buen trabajo.

    • Gracias por el comentario. Escribí esto como un fan clavado que se sintió indignado al escuchar por primera vez el nuevo de Waters y que después de muchas escuchas no cambiaba de opinión.
      Un texto crítico en arte o cultura sirve para decir por qué algo vale o no la pena y en el mejor de los casos abrir un debate sabroso entre personas afines. Lamentablemente hay quienes se toman sus gustos demasiado en serio.
      Se vale estar total o parcialmente a favor o, en su caso, en contra. Saludos.

    • Opino lo mismo pink floyd es un todo…y cada una de sus partes es esencial.

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