fernando dworak

Análisis Político

El ocaso de nuestra élite política – y cómo superarlo

Posted by on Sep 26, 2017

El ocaso de nuestra élite política – y cómo superarlo

El temblor del pasado 19 de septiembre dejó expuesto algo que ya se adivinaba: la quiebra moral, discursiva y de rendición de cuentas de todos los partidos. Fracasaron 40 años de reformas políticas y electorales que se suponía debían formar un sistema sólido y competitivo. En lugar de ello, vemos cómo los dirigentes partidistas se hunden en la espiral de la demagogia.

Los ciudadanos necesitamos tener la cabeza fría y presentar demandas concretas para no dejarnos arrastrar por la dinámica en la que se encuentran los partidos. Este es el momento para articular propuestas concisas que realmente impacten en temas que ellos no desearían tratar. El reto es fortalecer la democracia, no dejarnos llevar por el deterioro en el nivel del debate que impera.

El sistema de libertades que tenemos es producto de luchas contra el poder, no de concesiones de los poderosos. Si fuera por nuestros gobernantes vivirían simulando que hacen algo. Y si no cuidamos lo que tenemos, lo podemos perder ante los embates de quienes proponen soluciones fáciles a problemas complejos: los demagogos.

Aunque se ha avanzado mucho en materia de democratización, falta un trecho por recorrer. Hay que superar los últimos residuos del viejo sistema autoritario, especialmente en las leyes electorales. Es imposible cambiarlo todo en un solo ejercicio, pues las instituciones arrastran inercias. Al contrario, resulta indispensable saber qué causas impulsar, las cuales detonarán nuevas transformaciones. Comparto una reflexión sobre qué se podría hacer, esperando que sea enriquecida por quienes la lean y abra un debate mayor.

 

Las reformas electorales y su fracaso

El sistema político mexicano se diseñó entre 1928 y 1940 para perpetuar a una maquinaria hegemónica: el PRI. Sus dos pilares fueron un partido con la capacidad de ganar casi todas las elecciones y la posibilidad de controlar todas las carreras políticas gracias a la no reelección inmediata.

Quizás a principios de los años 60 del siglo pasado el PRI abrió espacios en el Congreso a la oposición para legitimarse, como fueron los diputados de partido. La crisis política de 1977 abrió una nueva reforma que dio más espacios políticos y una base de financiamiento. Entre 1989 y 1996 se diseñó una institución que brindó certeza en el conteo de votos y permitió condiciones equitativas en recursos.

Aunque ha habido numerosas alternancias en los tres niveles de gobierno a partir de los años 80, no tenemos un sistema de partidos sólido y competitivo. Una vez superado el discurso de desprestigio del PRI en los años 90 del siglo pasado, el bajo desempeño de las administraciones de los demás partidos ha cuestionado a la democracia en su conjunto. La insistencia en realizar frentes amplios entre izquierdas y derechas para ganar elecciones, muchas veces aprovechando las malas elecciones del tricolor para designar candidatos, refleja las fallas del modelo.

Durante años creímos que para alcanzar una democracia bastaba con la alternancia mientras las reglas básicas del sistema autoritario seguían vigentes, especialmente la no reelección. Por ello los partidos de la oposición terminaron replicando los vicios del PRI en el ejercicio del poder en vez de cuestionar las reglas que lo apuntalaron; con un agravante: sin desarrollar bases sólidas.

Las reglas consolidaron un sistema oligopólico entre 2007 y 2013: condiciones altas para formar un partido, financiamiento público y espacios en medios garantizados, umbral de representación de 3%, sanciones por exceso de gastos y no por origen de financiamiento y un modelo de comunicación política restrictivo. El resultado son condiciones de competencia bajas para partidos orientados más a conservar el registro y sus privilegios que a competir por el poder a través de plataformas claras y discursos eficaces. A nombre de una supuesta equidad en la contienda casi se ha arrasado con la competitividad de partidos y candidatos.

La demagogia que ha acompañado a las acciones y discurso de todos los partidos en las últimas semanas muestra no sólo su vulnerabilidad ante el personalismo sino también el fracaso de 40 años de reformas político – electorales. Si bien la restauración del derecho ciudadano a juzgar con base en desempeño puede ayudar a cambiar en el corto plazo los incentivos con los que opera nuestra élite política, necesita reglas que potencien el empoderamiento del ciudadano frente a los partidos y la exigencia de sus prerrogativas.

 

¿Qué reglas electorales necesitamos?

Las próximas reformas políticas necesitan atender un pendiente: la rendición de cuentas de los partidos, obligándolos a competir. Esto requiere en primera instancia de reglas neutrales, que puedan ser garantía para todos los partidos sin importar su tamaño o si están o no en el gobierno.

Un sistema de partidos competitivo necesita tener arraigo en bases electorales, discursos claros, liderazgos con posibilidades de llegar al poder y mecanismos de rendición de cuentas. Aunque se reconoce que el Estado podría dar alguna base mínima en financiamiento y acceso a medios, cada uno debe procurarse el resto a través de afiliados y grupos de interés. También es necesario bajar condiciones de entrada y ser más estrictos en las de permanencia.

La reelección inmediata debe servir para empoderar a los ciudadanos por encima de los intereses de los partidos. El aumento en la competitividad debe obligar a los partidos a abrir sus estructuras y pulir sus estrategias. Hablamos de un derecho del ciudadano que debe ser salvaguardado en las interpretaciones que se hagan de la normatividad electoral.

La existencia de candidaturas independientes no significa necesariamente que éstas sean moralmente superiores a las partidistas. Las reglas deben favorecer la entrada de candidatos, de tal forma que el más competitivo tenga oportunidades para ganar, en lugar de pensar en condiciones de equidad.

Finalmente se necesita favorecer la libertad de información, pues sólo de esa forma se puede enriquecer el debate y empoderar al ciudadano. El recurso a los mensajes negativos debe ser responsabilidad de estrategas en las campañas y no hay razón para que la autoridad tenga que censurar. Las calumnias y difamaciones deben ser materia de juzgados, no resolverse en el instituto electoral. Las reglas deben favorecer la competitividad del mensaje y no las cuitas y victimizaciones.

 

¿Cuál es la agenda?

A continuación comparto una lista de propuestas que no tiene afán de ser exhaustiva. Una estrategia exitosa necesita centrarse en un puñado, por lo que es conveniente debatir sobre las luchas a impulsar en el futuro inmediato y cuáles se pueden dejar para más adelante, sabiendo que todo proceso de transformación es gradual, incremental y sujeto a la calibración permanente.

Sistema electoral: el sistema mixto permite la representación de minorías aunque no tengan poder de veto. Las decisiones políticas se legitiman si se da voz a todos. De lo contrario esa falla puede generar problemas en otros frentes o incluso deslegitimar el sistema. Ahora bien, es necesario revisar el sistema mixto en el Congreso. Buena parte de la mala imagen de los “pluris” se puede resolver mediante doble boleta: que el ciudadano elija a su candidato de distrito y la lista de partidos que más le sea afín; obligando a los institutos a presentar candidatos más competitivos. También ayudaría elevar el umbral de representación a 5%, de manera que sobrevivan las opciones más competitivas.

Partidos políticos: hacer más fácil crear un partido y más difícil que mantenga el registro. O se puede obligar a que tenga acceso a financiamiento si alcanza un umbral de representación sin perder registro. Y que el Estado de una base de financiamiento y acceso a medios y que el partido se provea el resto. En lugar de topes a gastos de campaña, incrementar la vigilancia en las fuentes de financiamiento.

Candidaturas independientes: disminuir los costos de entrada, favoreciendo la competitividad del discurso y propuestas del candidato independiente.

Reelección: la capacidad de premiar y castigar al gobernante con base en desempeño es un derecho político básico. El criterio para la normatividad que se diseñe necesita potenciar el empoderamiento del individuo por encima de las maquinarias.

Comunicación política: aunque podría ser deseable que el Estado provea algún espacio en tiempos oficiales, no hay justificación para que el ciudadano se vea expuesto a más de 43 millones de spot en tiempos electorales. Tampoco la hay para que la información fluya con libertad, en el afán de abrir debates y apoyarse en el juicio del ciudadano antes que la victimización de los candidatos ante mensajes que no les gustan. La difamación y las calumnias deben resolverse en tribunales, no ante la autoridad electoral.

 

El perfeccionamiento de nuestra democracia depende de nuestra capacidad para reflexionar, comparar y exigir con una estrategia clara. Lo contrario es dejarnos hundir en la espiral de la demagogia. Debatamos y diseñemos una estrategia.

1 Comment

  1. De acuerdo en la agenda y en que un punto central es la rendición de cuentas. RP con listas abiertas, buen punto. Además debemos promover la idea de que la democracia necesita partidos fuertes

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