fernando dworak

Análisis Político

Cómo apreciar al Congreso sin creerse el espectáculo

Posted by on Nov 24, 2017

Cómo apreciar al Congreso sin creerse el espectáculo

No se puede entender a la política sin el espectáculo que genera. Aunque a algunos les indignen las indirectas, los choques y las provocaciones que en algún momento puedan ser violentas, esto atrae a las multitudes, como sucede con la lucha libre. Al contrario, quizás muy poca gente prestaría atención a los asuntos públicos si se desahogasen en un debate técnico y civilizado, lo que daría mayores márgenes de discrecionalidad a gobernantes y legisladores.

También como sucede en la lucha libre, por más piruetas, golpes y candados que haya en el ring, todo está de alguna forma arreglado. Eso no significa que los debates en el Pleno sean una farsa, sino que hay procesos que llevan a una decisión y lo que vemos en tribuna es la fase final. Más bien el circo es importante para ganar nuestra atención, pero si queremos analizar e intervenir debemos conocer lo que se mueve tras bambalinas.

Van cinco consejos para entender y apreciar lo que sucede en el Congreso sin dejarse llevar por la emoción.

 

Primer consejo: nadie es enemigo de nadie. Hay una vieja caricatura de Warner Brothers donde aparecen un coyote y un perro ovejero que viven juntos, van al trabajo, checan tarjeta a su trabajo y el primero persigue a las ovejas que el otro vigila porque ese es su trabajo. Después de fallidos, violentos y jocosos intentos, suena el silbato de salida, checan tarjeta y regresan caminando a su casa. Así son los legisladores.

No habría posibilidad de negociar los temas de la agenda pública si los legisladores fueran enemigos irreconciliables al grado de retirarse la palabra. Eso no significa que no defiendan posturas encontradas, como cuando negocian en las comisiones u órganos de gobierno. Los antagonismos son parte del espectáculo en Pleno, tal y como en el ring de las luchas.

Si ellos no están mortalmente enfrentados y la democracia se basa en el diálogo y la negociación, ¿por qué los ciudadanos deberíamos enfrentarnos por un espectáculo?

 

Segundo consejo: todos los políticos desempeñan un papel. Una persona pública hace una carrera con base en tres elementos: cuáles son sus ambiciones, cuáles son sus capacidades y quiénes tienen la capacidad de influir en su futuro. Con  base en esos elementos desarrolla un conjunto de elecciones sobre qué hacer y cómo comportarse que lo posicionan. Parte de esas decisiones es la imagen que externarán, concretamente la elección del personaje que desempeñará.

Si su perfil es un golpeador, deberá ser creíble: nada de trajes finos, peinado impecable y lentes de diseñador. El perfil idóneo es alguien que viste de mezclilla, usa barba algo desaliñada y se muestra echado para adelante. No importa si en la vida privada sean refinados, cultos y educados o distintos al personaje que actúan en público: la lucha es por la promoción y la supervivencia se basa en la credibilidad que inspire.

Aunque en ocasiones un político es víctima del personaje que crea de tal forma que termina encasillado, se espera de un ciudadano desarrollar un criterio que le permita juzgar el desempeño del político sin dejarse guiar por las apariencias.

 

Tercer consejo: los debates son una válvula de escape. El proceso legislativo se diseñó para que las iniciativas se procesen de la manera más lenta posible. La razón: evitar que las pasiones dominen al momento de decidir y permitir que todos tengan al menos la oportunidad para expresar sus posturas sobre los temas que se discuten.

Las iniciativas rara vez se modifican en los debates: eso debió ocurrir en las comisiones. Sin embargo sirven para legitimar al sistema toda vez que permiten que las posturas se ventilen. Si no existiese esta válvula de escape, las tensiones se acumularían en otra parte donde podrían estallar. Aún el legislador más “contestatario” o “antisistema” abona a la legitimidad del régimen político tan solo por estar ahí y participar, aunque sea para poner mantas, ponerse máscaras o decir estridencias. Preocúpense si se va al monte a organizar una guerrilla.

 

Cuarto consejo: los legisladores compiten con los medios. Se dice que en el siglo XIX había grandes discursos hechos por legisladores doctos que vivían para la política y no de ésta. Sin embargo tenemos hoy partidos de masas que se esperaría contaran con bases de apoyo, burocracias gubernamentales que al menos en el papel presentan iniciativas técnicamente sólidas y medios de comunicación masivos que han desplazado a los órganos legislativos como el principal foro para el debate público.

¿Qué han traído los medios? La competencia por aparecer en el noticiero del horario “Triple A”. Esto implica dar una declaración lo suficientemente estridente como para ganar la atención de la fuente de prensa. La existencia de canales de televisión no mejora la situación: hay incentivos para alargar las discusiones “porque la nación nos está observando”, aun cuando el rating sea demasiado bajo para ser considerado.

¿Es esto algo malo? No: otra vez el circo atrae. El reto es no quedarse ahí. ¿Cómo podemos discernir lo sustancioso de lo superficial?

 

Quinto consejo: siempre pregunten el “por qué”. El primer paso para dejar el circo es preguntar y dudar. ¿Dónde se toman realmente las decisiones? En comisiones y órganos de gobierno. ¿Son todos los legisladores relevantes? Depende del tema, la función que desempeñen y las comisiones a las que pertenezcan. ¿Por qué un legislador actúa de determinada forma? Estudien su carrera, analicen sus relaciones en política y otros sectores y vean el tipo de iniciativas que presentan.

Cada pregunta llevará a un mayor conocimiento del Congreso y su funcionamiento. Con ello no sólo se puede fortalecer la capacidad crítica, sino también se hará posible desarrollar una visión estratégica. Y la vista desde esa posición es mucho más fascinante que el circo.

1 Comment

  1. Como siempre, excelente análisis.

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